Las tareas del hogar

El otro día comentamos la importancia de que los peques colaboren en las tareas de casa en nuestra entrada sobre alimentación ¿recuerdas?

Estas tareas son importantes para su desarrollo ya que les enseña a ser responsables de algo. Y no solo de algo suyo, sino que les da la oportunidad de serlo de los demás. Del ejemplo que hablábamos de poner la mesa, no es lo mismo que se hagan responsables de su plato y cubiertos que de poner los de todos.

niña pone la mesa

Normalmente se empieza enseñándoles a recoger su ropa y sus cosas, sus juguetes, cada uno los suyos. Pero, poco a poco, podemos hacerles responsables de una tarea de la que todos en casa se vean beneficiados. Por ejemplo, cuando sean capaces de emparejar los calcetines y doblar la ropa interior, que lo hagan con la de todos los miembros de la familia. Aunque no lo hagan del todo bien. Olvidad lo perfeccionistas que seáis, porque es genial abrir el cajón por las estresantes mañanas de la vida moderna y encontrar algo de desorden cuando sabes que es porque te lo han preparado los más pequeños. Hace que empieces el día con una sonrisa.

Las tareas que se le asignen dependerán de su edad. Entre los 2 y los 4 años es normal que se ofrezcan a ayudar en las tareas de adultos y disfruten sintiéndose útiles. Y también es normal que a menudo no ayuden por no hacerlo todo lo bien que nos gustaría. Debemos pensar que somos nosotros quienes les estamos ayudando a ellos. Ayudando a aprender a involucrarse, a darse cuenta de todo lo que es necesario hacer en casa y  a que lo valoren. Y estamos creando un hábito totalmente necesario en su desarrollo.

niño barre

Pero tampoco les subestiméis: son capaces de mucho más de lo que pensamos. Es sorprendente la cantidad de cosas que son capaces de aprender a hacer desde bien pequeños. Es cuestión de ir buscando el límite y no pasarlo. Por ejemplo, a la hora de poner la mesa, ¿en qué momento son capaces de llevar los vasos de 2 en 2 en lugar de solo 1? ¿Y 3?

Huelga decir que las tareas no deben ser peligrosas y que, si no son capaces de hacerlas por ser inapropiadas a su edad o habilidades, se frustrarán y no querrán ayudar. Cada uno tiene unas capacidades y no debemos intentar que hagan lo que otro papá u otra mamá nos haya dicho que hace su hijo.

Desde que saben andar llevando objetos en las manos son capaces de ayudarte con un simple “dale esto a mamá” o “deja esto en el cubo”. Pero con dos añitos, ya son capaces de entender que deben recoger los juguetes o llevar la ropa al cesto para lavar.

Con tres años ya podrán limpiar lo que ensucien, por ejemplo, después de jugar con plastilina o si se les cae algo al suelo. También podrán hacer parejas con los calcetines, separar la ropa de cada miembro de la familia, llenar la lavadora, poner la mesa (poco a poco de no romper nada y puedan hacerse daño), limpiar el polvo de aquellos lugares a los que lleguen, ayudar en la preparación de algunos platos, regar las plantas o dar de comer a algún animal doméstico.

Con cuatro años ya serán mayores y podrán demostrarlo ayudando a vaciar el lavavajillas y la lavadora, doblar toallas, ayudar a hacer las camas, pasar la mopa decentemente, progresar en las recetas de cocina… Cada día que pasa podrán hacer más.

niños cocinando

Pero no penséis que tenéis un sirviente. Al principio serán más trabajo que ayuda, pero ya hemos dicho que se trata de educarles, no de que trabajen para nosotros. Les deberemos recordar qué tienen que hacer y cuándo, pero siempre con buen humor e intentando motivarles para que les apetezca hacerlo. Y no les pediremos muchas cosas de golpe, mejor una y cuando la acaben otra, si no podrían agobiarse o no saber qué tienen que hacer. Por ejemplo, si les pedimos que recojan la habitación. No lo entenderán y se pondrán a jugar.

Además, si les pedimos algo a lo que tienen que dedicar mucho tiempo, es probable que no lo acaben. Por lo que mejor darles tareas cortas y rápidas.

No olvidéis que la mejor manera de que quieran repetir y por tanto, ayudar cada día, es que sea divertido. Así que poned banda sonora y bailes a las tareas, inventad canciones, variad y no repitáis siempre lo mismo y haced carreras a ver quién acaba antes. Debemos enseñarles cómo se hace y no insistir si lo hacen mal, pues les llevará a pensar “¡para qué ayudar si lo hago mal!”. Y para que estén más contentos no dejéis de repetirles lo bien que lo han hecho y lo mucho que os ayudan.

Pero, muy importante, nunca debemos recompensarles por ello. Si obtienen algo a cambio como forma de pago, deja de ser una contribución a la familia y a la casa, y sentirán el orgullo de formar parte de todo ello. Cuando son pequeños no entienden todavía el valor del dinero. Y cuando son más mayores, es mejor asignar una paga independientemente de las tareas que realicen. Las tareas del hogar no son un trabajo, son una contribución.

tareas domésticas en familia

Y por supuesto, aunque esto ya no deberíamos decirlo, IGUALDAD. Nada de unas tareas para niños y otras para niñas. Eliminemos esas diferencias. Y aunque en la organización familiar cada uno tenga sus tareas asignadas, como ya hemos comentado en otras ocasiones, lo mejor es predicar con el ejemplo, así que deben ver que todos hacen de todo. Por lo menos de vez en cuando.

Humor y niños Tareas domésticas

 

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