Nuevos tiempos, nueva educación

Ayer comentábamos en nuestra página de facebook que han cambiado los tiempos y cambian muchas cosas, también en la forma de criar y educar a los niños.

Pues antes lo decimos y antes nos dan la razón. Resulta que en el colegio, les han puesto en la pantalla gigante el vídeo de gangnam style en el que los protagonistas del baile son, ni más ni menos, que Pocoyó y sus amigos.

No vamos a cuestionar si la letra es la más adecuada (no es nada escandaloso y, además, está en coreano), ni si tal actividad corresponde al colegio (puede ser un buen ejercicio musical y lo han pasado en grande bailando). Solo lo utilizaremos de excusa para comentar la nueva educación. De la enseñanza en el colegio ya hablaremos otro día.

En una ocasión comentamos que hoy en día las familias eran de menor tamaño, por lo que debíamos buscar en otra parte niños de diferentes edades a los nuestros con los que pudiesen relacionarse, por el bien de todos. Como hemos dicho, los tiempos cambian. Todo cambia, y constantemente lo adaptamos todo a esos cambios, desde la alimentación a los horarios. Por tanto, es lógico y positivo que adaptemos nuestra forma de educar y de enseñar. Es necesario no cometer los mismos errores que en el pasado y adaptarnos a los nuevos tiempos, aprovechando los nuevos conocimientos que tenemos sobre los niños y su psicología, incorporando las nuevas tecnologías, etc.

Es por eso que no consideramos nada negativo el uso de dispositivos de última generación (tanto en casa como en el colegio), pero sí debemos ser cuidadosos con los contenidos. Y no debemos olvidar de dónde venimos. Ya comentamos en una entrada anterior que la oferta era muy amplia, y añadiremos que hay contenidos mucho mejores que antes por estar desarrollados por expertos que cuentan con la experiencia pasada por otros antes que ellos. Pero también hay muchos contenidos peores, que no buscan más que enganchar a la persona, en este caso al menor, y entretenerlo, lo cual a menudo se utiliza para no tener que dedicar tiempo y esfuerzo a distraerlos. Pero así perdemos la oportunidad de dedicar ese tiempo a aprender cosas de provecho.

ipad de ayer y de hoy

En generaciones pasadas lo peor de tener algún problema con un compañero en el colegio no era la semana que te quedabas sin patio, sino el mes que te quedabas castigado en casa. Y es que, cuando el profesor te llamaba la atención, lo que más temías era que informasen a tus padres, pues eso significaba castigo doble. Hoy en día, el castigo de un mes sin televisión o sin videojuegos saben que no durará, pues es más castigo para los padres el tener que entretenerlos.

La vida ha cambiado, sí. Y la vida es dura, también, pero no más que antes. Solo de forma diferente. Así pues, no les preparemos para la guerra, sino para evitarla. Hay quienes crean tiburones, para que estén arriba en la cadena alimenticia y se nutran de los más débiles. Se les enseña a pasar por encima de los demás; se les espabila para que sepan ser los aprovechados y nos las víctimas; se les enseña que la forma de triunfar en la vida y estar arriba es pasar por encima de todo lo que se interponga en su camino.

Esta gente, cuando no lo logre (que no lo conseguirán nunca, pues siempre habrá alguien por encima) se frustrarán. Serán infelices por su fracaso y vivirán constantemente amargados por no conseguir todo lo que se propongan.

Debemos enseñarles el fracaso, la frustración de no conseguir lo que desean. Pero no a base de machacarles, sino mostrándoles que no pasa nada, que hay otras cosas importantes.

No hay que enseñarles a pensar de un modo egoísta, buscando su beneficio. Deben colaborar con la sociedad y trabajar por el bien común pues, cuanto mejor vaya el colectivo, mejor estarán los individuos que pertenezcan a él.

camellos proverbio africano

Si les metemos en la cabeza que tienen que estudiar y trabajar para ganar dinero y así comprar las cosas que necesiten, no aprenderán que no necesitan nada. Nosotros no queremos que nuestros hijos tengan mansiones y coches y joyas. Nosotros queremos que sean felices. Para eso solo necesitan oxígeno, agua y alimento (por eso le damos importancia a la alimentación en su educación). Lo único que necesitan para sobrevivir. La felicidad la conseguirán de otra forma, y no deben buscarla en esto o en aquello. La felicidad la llevamos dentro y eso es lo que debemos enseñarles: a ser felices sin nada. Solo así, serán felices tengan lo que tengan y consigan lo que consigan en la vida.

Con esto no queremos decir que no deban estudiar ni trabajar ni esforzarse y simplemente dedicarse a disfrutar de la vida y ser felices. Todo lo contrario: deben hacerlo para construir una sociedad de la que puedan sentirse orgullosos. Y para conseguir el mayor bienestar y confort posible. Pero no a cualquier precio, y sin obsesionarse con cosas materiales. Si su felicidad depende de ellas y no las consiguen, no conseguirán ser felices. Por otra parte, si saben que no las necesitan y las tienen, las valorarán y disfrutarán, pero sin dependencia. Debemos conseguir que conozcan y aprecien el valor de las cosas, no su precio.

Y las peleas. ¿Dónde quedó el “si un niño te molesta se lo dices a la profesora”? Ahora se oye “pues si te intenta quitar el juguete, le pegas tú primero”. ¡Eso es! En lugar de aconsejar evitar el problema, compartir, dialogar, acudir a la justicia (profesorado), recomiendan tomársela por su mano. Deben aprender a solucionar ellos solos sus diferencias, pero nosotros debemos enseñarles cómo hacerlo. Pensemos en qué harán cuando sean adultas las personas educadas bajo estas directrices. Sabemos que es duro que le hagan daño pero también sabemos que en el agresor hay un problema. Eso es lo que hay que corregir, no convertir al nuestro en una máquina de matar y el mundo en una jungla donde prime la ley del más fuerte.

Estamos pasando de aulas con un “matón” (problemas familiares, escolares, inseguridades,…) y un “pardillo” (débil, introvertido,…), a ese estado salvaje en el que eres el depredador o la presa y, por tanto, todos quieres ser matones. Hay que recordar que, muy frecuentemente y con el paso de los años, el “matón” se convertía en una persona infeliz con problemas en el trabajo (normalmente trabajos que no deseaba hacer) y problemas en casa. Además de entrar en un bucle de arrastrar los problemas familiares al trabajo y no rendir, y los problemas del trabajo a casa y no estar feliz. Mientras, los “pardillos” acababan estudiando y teniendo una vida profesional satisfactoria y encontrando un círculo de amistades y formando una familia normal, ya que en la madurez todo se ve distinto.

Esto no siempre era así, de acuerdo. También hay personas que maduraban y cambiando el colegio (donde no querían estar) por un trabajo donde se sentían útiles y valorados, se sentían felices y satisfechos. Y los otros no salían de pozo y llevaban una vida solitaria y de amargura. El caso es que, por lo general, de la amplia mayoría que se encontraba en el medio es de donde salía el grueso de la sociedad. Y esa es la que hay que mantener y conseguir que absorban a unos y a otros para que todos compartan y se ayuden.

Tenemos una cultura propia y no podemos cambiarla de un día para otro por un modelo que funcione mejor. Pero sí podemos ir eliminando algunos fallos e incorporar lo que funciona mejor en otras. Está claro que no podemos cambiar lo que somos, pero de un tiempo a esta parte parece que el modelo a seguir, el del éxito, es el de ser el más chulo y el más malo de la clase; el burlarse del compañero en vez de ayudarle; el aplaudir al defraudador por su astucia en vez de señalarle con el dedo.

En lugar de enseñarles a defenderse de los agresores, deberíamos prestar más atención a estos últimos para evitar que sigan por el mal camino. Quizás son niños que no se encuentran cómodos y ven todo como una amenaza ante la que se defienden con golpes. O quizás el problema está en casa, donde les están enseñando como ya hemos comentado que no debería hacerse: siguiendo la escuela Cobra Kai de kárate kid: “Golpear primero, golpear fuerte, sin piedad”. ¿No es mejor “dar cera, pulir cera”?

dar cera pulir cera

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3 respuestas a Nuevos tiempos, nueva educación

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